-Nombre completo: Badal Daivik
-Raza:
Humano avatar del dios Váruna.
-Sexo: Masculino.
-Sexo: Masculino.
-Edad:
25 años.
-Nacionalidad:
Hindú.
-Sobre
Badal:
Físicamente
es un hombre alto, atlético, su piel es oscura y rojiza, su cabello negro y
ondulado, sus ojos de un marrón claro, suele llevar perilla bien arreglada y
recortada. Badal es rápido y hábil con las manos y cuenta una gran destreza y
flexibilidad. Respecto a su personalidad, sufrió la perdida de toda su familia
lo que lo volvió bastante frío. Suele ser malhumorado y de comentarios
tajantes, también por eso la muerte de alguien rara vez lo entristece. Suele
ser muy sincero y decir aquello que piensa sin importarle lo más mínimo el
enfadar o herir a alguien. Es difícil ganarse su confianza, pero a aquellos que
lo consiguen les profesa una gran lealtad y fidelidad. Le encantan la
oscuridad, el mar y la lluvia, es una de las pocas cosas que dibujan una
sincera sonrisa en su rostro. A pesar de su caracter tiene un gran sentido del
honor y siempre cumple su palabra. Tiene la manía de mantener siempre las
puertas cerradas, una puerta abierta lo incomoda.
Badal es
la encarnación del dios hindú Váruna, que tendía a aparecer en situaciones de
riesgo o de emociones realmente fuertes. Cuando éste tomaba posesión del cuerpo, su piel se tornaba tan oscura como la noche que regenta y sus ojos de un azul
intenso. Pero la conexión con la deidad se cortó, y Badal no ha sabido nada más de Váruna desde entonces.
Al llegar
a occidente se ganó la vida usando su habilidad y destreza para ejercer como
asesino a sueldo. Suele llevar encima un
viejo libro escrito en sánscrito del que suele leer un texto todas las noches
antes de dormir, y un Katar como arma, además de una prenda tradicional entre los Thugs, con la que estrangulaban a sus víctimas.. El libro cuenta
con numerosos rituales con los que mantener al dios de su interior a raya y con los que manipular las almas de los muertos.
Suele vestir de
colores oscuros, normalmente de negro. Con el tiempo ha dominado diferentes idiomas, pero no es
raro que suelte alguna que otra palabra en hindi.
-Historia:
Badal
Daivik era el hijo del sabio Thug de una pequeña aldea de asesinos y ladrones
en las montañas de Rayastán. Desde el momento en que nació mostró sintomas de
divinidad, cuando lloraba el cielo se nublaba y la lluvia arreciaba. Fue
educado en el uso de viejos rituales y sūtras con los que sellar a Váruna.
Una día
como cualquier otro una niña fue abandonada en la aldea, Chandra Dhawan, de la
que decían ser la manifestación de la diosa Kali. El sabio Thug Daivik la
acogió como carne de su carne, convirtiéndose en una hermana para Badal. Ambos
crecieron juntos y el chico ayudó a su padre a la hora de formar los sellos que
contendrían a Kali si decidiese salir.
Mientras
que Chandra se entrenaba en el arte de la exterminación de demonios y gigantes,
Badal fue adiestrado como asesino de hombres y procurador de sacrificios
humanos.
Una noche
en que Badal volvía de un entrenamiento en las montañas encontró su hogar
ardiendo. Corrió hasta el lugar, contemplando al llegar a su familia yaciendo
inerte en el suelo y a la diosa Kali liberada ante ellos. El shock le arrebató
el sentido y Váruna tomó conciencia. No recuerda qué pasó, pero nunca más
volvió a ver a Chandra.
Tras el
rito funerario, los Thugs pidieron al joven que persiguiese a la avatar de Kali
pues era el único que conocía los sellos. No podían dejar libre a la diosa de
la destrucción.
A pesar
de los deseos de venganza del asesino, se le pidió que nunca hiciese daño a la
joven y la protegiese hasta traerla de vuelta, que aplacase la ira de la diosa
con sacificios y la contuviese como fuese necesario. Así partió siguiendo el
rastro y viendo a través de las estrellas en un viaje que lo llevó hasta
occidente.
-Poderes:
Como avatar
de Váruna tiene acceso a algunos de sus principales dominios. Puede alterar de
forma leve el clima local, conjurando tormentas, es capaz de detectar las
mentiras y sentimientos más profundos de la gente, y tiene la capacidad de usar
a las propias estrellas como espías, viendo a través de ellas. Como regente de
los muertos puede manipular a las almas de los difuntos, cosa que suele hacer
para alimentar a Váruna y ofrecerlas como ofrenda a otros dioses. Es inmortal,
aunque se puede incapacitar su cuerpo y tardará tiempo en recuperarse.
Sin la conexión con Váruna, no tiene poder alguno más allá de su formidables cualidades físicas.
Sin la conexión con Váruna, no tiene poder alguno más allá de su formidables cualidades físicas.
- Sobre
Váruna:
Váruna
era un dios principal, uno de los Aditias. Era uno de los dioses hindúes más
importantes: el jefe de los asuras, según se menciona en el Rig-veda
Se le
consideraba un dios del cielo o dios de la lluvia, en un aspecto más o menos
negativo, ya que formaba el caos del cielo, creando lluvias, tormentas, rayos y
truenos.
Váruna
también regía el reino de los muertos.
Siempre
iba acompañado de su hermano gemelo Mitra (‘amigo’), que era el Dios Sol del
alba, de la amistad. Ambos eran los dioses del juramento y los contratos.
Juntos representaban al día completo: Váruna era la noche y lo oscuro, mientras
que Mitra era el día, la mañana y la luz solar. Es por ello que ambos
representaban la ley, con sus dos caras.
El
Átharva-veda describe a Váruna como omnisapiente, capaz de detectar cualquier
mentira. Las estrellas son sus espías de mil ojos, vigilando cada movimiento de
los hombres.
Vigilaba
que se cumplieran las promesas, los juramentos, los contratos, y la honestidad
en todas las relaciones, pero de manera belicosa, tanto en el cielo como en la
inmensidad de las profundidades.
Váruna
era el regente de la noche «es a veces visible a la mirada de sus adoradores»;
habita en una casa con mil puertas. Se dice que tiene una excelente vista, pues
conoce cuanto ocurre en el corazón de los mortales. Es el rey de los dioses y
hombres; es poderoso y temible: nadie puede resistir su autoridad. «Es el
soberano regente del universo», «es el que hace que brille el sol en el cielo;
los vientos que soplan no son más que su aliento; él ha vaciado los cauces de
los ríos, que fluyen obedeciendo a sus mandatos y ha hecho la profundidad de
los mares».
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